El grito de amor y solidaridad más doloroso

Mientras transcurren los días en la cuarentena, los pasatiempos pueden ser variados. Sin embargo, una opción es ir más allá y reflexionar acerca de los que vivimos como sociedad. Natalia Boffelli, coordinadora del Servicio de Orientación Psicopedagógica y Psicológica (SOPP), puso en palabras lo que significa esta lucha mundial y qué podemos sacar de ella.


El hombre, creyó que era dueño del mundo, creyó que en sus manos estaba todo, creyó que manejaba cada día de su vida y la misma vida, o la vida de otros.

Y de golpe el silencio, profundo, hondo, tajante… se hizo fuerte un día como otros… como cualquier día, llegó un silencio que recorre calles, pasillos, noches, y amaneceres…

Que hace que las aguas se limpien, que los peces se vean en su transparencia, que limpió los cielos, que hizo moverse a la naturaleza diciendo presente, se dio paso lentamente hasta que todos lo notásemos…

Hizo imposibles muchas despedidas, los abrazos esperados, las juntadas con risas de amigos, fiestas de casamientos, de compromisos,  de cumpleaños, dejamos aulas vacías, empresas frenadas, aviones sin gente esperando. Se frenó , se detuvo, no alcanza el dinero,  ese por el que tanto trabajábamos y nos dimos cuenta que una mirada valía, que una sonrisa era brillante, que el hoyuelo al sonreír de un hijo nos ilumina la cara, que dar una sorpresa vale más que cualquier cosa, que una mano extendida a quien la necesita genera aplausos, que el que pasaba a nuestro lado y no registrábamos hoy extrañamos. Solo alcanza la fé, la esperanza de que esto parará.

Quedaron mesas por servir y clases por dar y miradas que se encuentren y días comunes y hermosos para soñar compartir.
El esfuerzo lo vale, el ajustarse y aunque apriete el alma, lo vale, la tierra lo vale, la infancia sonríe sin saber que el afuera está en desorden porque cree en un nuevo día.

Era tiempo de una lección, de un cambio, de un juntos, de un nosotros, de respeto por vos, por mí, por todos. La violencia era moneda común, cada vez nos encerrábamos más de nosotros mismos, y ahora es hora de aprender que nos debemos encerrar por uno y por los otros desde el amor, la paciencia, la creencia, la solidaridad, la paz mundial y de nuestras almas.

Sí podemos… pero aún no es tiempo de que pase, porque seguimos sin entender, que el límite es sano, que el respeto y la buena convivencia nos ordena, que los errores son aprendizajes pero que buscar la piedra para tropezar varias veces no es aprendizaje es lo equivocado…

Tenemos tiempo de que los peques, aquellos locos bajitos, nos vean al mundo adulto levantarnos en paz, con acuerdos y sosteniendo un planeta diferente, inclusivo, respetuoso de cada ser que habite la tierra.

Pretendemos conquistar el espacio y no podemos cuidar nuestro hogar la tierra.

El silencio suena tan fuerte que nos hace emocionar… hagamos algo de esta oportunidad, busquemos la salida, perdonemos, toleremos y juntos propongamos objetivos que nos guíen a un mundo más sano para nuestras generaciones que esperan.

Cuantos niños/as están por nacer, cuantos niños/as están naciendo, cuanto les queda la vida para crecer y ver las maravillas del mundo; hagamos que suceda, dejemos de ver el problema del otro y nos hagamos cargo del de cada uno y juntos respetemos sin juzgar, quienes hoy toman decisiones por todos, deben ser apoyados, por la salud de todos, por un amanecer que esperamos, por un nuevo ritmo de vida y por la vida.

Cuantos pelearon por su vida y no pudieron, pero lo intentaron hasta el último segundo, cuantos pelearon y pelean por la nuestra, digamos basta a la estupidez humana y mostremos lo grandiosos que podemos ser. En equipo valemos mucho, pero hacia un mismo objetivo, sin dividir, sino sumando.

Por la salud que es vida, trabajo y la posibilidad de libertad, paz y esperanza.

Comprométete, quédate en tu casa, salí cuando sea el momento.
No es hora de juego, es hora de responsabilidad autónoma y obligatoria de cada uno que nos dé un nuevo nosotros.

Lic. Natalia Boffelli.

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